
"A la vuelta de todo es cuando el programa se extiende y la escapada de
fin de semana termina de justificarse y se tiñe de cierto romanticismo.
Hay una casona de 1890 que vive recostada sobre las faldas del macizo de las
Animas y hoy ha sabido equiparse como para esperar a los viajeros. Es posada,
pero lleva nombre verde del árbol reinante, Las Acacias.
La entrada es un caminito de luces, carretas antiguas y arbustos decorativos
que llevan hasta la puerta principal. Adentro son cinco habitaciones preparadas
puntillosamente, cuidando hasta el último detalle, que se unen a partir
de una típica galería de campo.
La calidez es aquí ley natural en todas sus acepciones. El fuego de
los hogares entibia la gran sala de estar que se subdivide en tres desniveles,
las velas andan esclareciendo con sepia lo oscuro de todo rincón...
...y
Mónica, anfitriona por naturaleza, viene y va hacia la cocina,
y vuelve siempre con algo nuevo y exquisito. Si se busca cariño para
el paladar, hay que pedirle a ella las berenjenas asadas o las milanesitas
de mozzarella, delicias de la cocina casera de la casa, y eso es sólo
el principio.
Todos se las arreglan de maravillas para llevar adelante la posada, aunque
siempre respetando las bases de un servicio de una media decena de estrellas.
Los fines de semana de semblante romántico tienen aquí absoluta
cabida. Es quizás uno de los lugares más perfectos para terminar
una jornada de vuelos y recorridos tandilenses..."